La necesidad de una fertilización nitrogenada

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Según Ias informaciones técnicas, en GeneraI, la cantidad de nitrógeno fijada por las bacterias nodulares en el cultivo se sitúa en alrededor de 100 kg/ha, lo cual no es suficiente para obtener un rendimiento de más de 2 t/ha. Por ello, se supuso que, para asegurar un rendimiento elevado, resultaba indispensable la utilización de fertilizantes como fuente de nitrógeno y se demostró que el agregado a campo de 120 t/na de compost, provocó un aumento de entre 43% y 84%, especialmente aplicado al comienzo de la floración, con los laboreos adecuados para la planta y el suelo Fosforo y Potasio Un buen equilibrio entre fósforo y potasio es esencial para obtener rendimientos elevados y una mejor calidad de las simientes. Los dos nutrientes se complementan, fomentando el crecimiento y aumentando el peso de las semillas. Además, el fósforo corrige la carencia de molibdeno y el potasio reduce la incidencia de enfermedades. En algunos suelos con contenido bajo de PK la aplicación de estos elementos triplicó el número de nódulos de las raíces y quintuplicó el peso de la nodulación, lo que dobló el rendimiento de soja. La fertilización fosfopotásica reduce drásticamente la incidencia de enfermedades específicas producidas por hongos y virus, de manera que la aplicación aumenta tanto el rendimiento como la calidad.

En Brasil también se observó que la fertilización potásica en un suelo conteniendo cantidades adecuadas de potasio eliminó los efectos que pudieran causar hongos, y aun-que no hubo influencia en el rendimiento, se mejoró la calidad de las simientes, dando así una ganancia más importante. Los cotiledones constituyen la fuente inicial de provisión de fósforo para el embrión. De 3 a 5 días después del nacimiento, las plántulas dependen del fósforo del suelo y 10 días después de la siembra, aproximadamente 40% de ese elemento ha sido trastocado. Utilizando el radioisótopo P32 se demostró que, en los primeros estados de crecimiento, más de las tres cuartas partes del fósforo contenido en la planta puede provenir del fertilizante.

El fósforo resulta menos asimilable cuando el pH, baja de 6,5 y en tierras rojas de baja productividad, se obtuvieron aumentos de rendimientos de hasta 1.100 kg/ha con la aplicación de abonos fosfatados. Debe tenerse en cuenta que 1.200 kg de semilla de soja contienen aproximadamente 23 kg de potasio. Según algunos estudios, cuando el potasio asimilable del suelo es de 50 kg/ha, el rendimiento será el 50% del máximo, y en un suelo con 200 kg/ha, el rendimiento puede llegar a 97% del máximo. Las curvas de la relación del potasio y fósforo asimilables con relación al porciento del máximo rendimiento son muy similares a las de maíz. Los incrementos más altos del rendimiento se obtienen con la aplicación de fuertes dosis de fósforo y potasio y los menores, por la aplicación de elevadas cantidades de fósforo sin añadir potasio.

Calcio y Magnesio

En suelos con pH muy bajos y un nivel de magnesio intercambiable de unos 80 kg/ha, se logra incrementar el rendimiento de soja en forma significativa aplicando 80 a 160 kg de magnesio por hectárea y 2 toneladas de dolomita, que es carbonato doble de calcio y magnesio. La absorción de magnesio puede ser reducida por aplicaciones excesivas de potasio y por un alto contenido de este elemento en el suelo, cuya presencia facilita la absorción del fósforo y la nodulación.

Molibdeno 

Cuando las semillas tienen bajo contenido en molibdeno responden favorablemente a la aplicación de molibdato de sodio en forma de tratamiento a la semilla y se halió una correlación positiva entre contenido de nitrogeno en las hojas y rendimiento, lo que estaría indicando que la respuesta a la aplicación de ese elemento menor se debería a una mayor disponibilidad de nitrógeno. La semilla de soja es muy sensible a las sales solubles durante la germinación, siendo conveniente aplicar el fertilizante en bandas por debajo de la semilla, a más de 5 cm de profundidad.

Nitrógeno y Fósforo

En un ensayo se aplicó el fósforo en forma de superfosfato triple de calcio en surcos al momento de la siembra y nitrógeno en forma de área a la base de la planta en el momento de la formación de los botones florales.

La respuesta al nitrógeno de soja no modulada fue lineal para producción de granos, con un incremento del 21%para la dosis máxima utilizada de 125 kg/N/ha, habiendo sido significativo en comparación con el testigo no modulado y sin fertilizar. El tratamiento soja modulada sin fertilizar rindió un 33% más que el testigo, es decir, se produjo una diferencia altamente significativa.

A medida que aumentó la dosis de fósforo, disminuyó la producción de granos respecto al testigo hasta un 10,5%para la dosis de 100 kg/P/ha. Sólo con la dosis máxima ensayada, de 150 kg/P/ha, la producción de granos superó en un 4% al testigo, con diferencias no significativas. Todas las combinaciones de N y P aumentaron la producción de granos. La dosis máxima de 100 kg de Ny 100 kg de P provocó un incremento del 18%, diferencia significativa. La producción de tallos fue menor en las parcelas fertilizadas, independientemente del fertilizante utilizado y de las dosis aplicadas.

La relación peso de tallos/peso de granos decreció con el aumento de fertilizantes y se debió a las siguientes causas:

a) en el caso de fertilización con N y NP, a una disminución de la producción de tallos y a un aumento de producción de granos.

b) para P, a una disminución mayor de la producción de tallos que de granos.

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