La reposición de nutrientes a los suelos comenzó cuando los agricultores se dieron cuenta que los cultivos dejaban de producir rendimientos potenciales al sembrarlos continuamente, y que al incorporar estiércol o residuos vegetales se restauraba la fertilidad. En Asia desde tiempos remotos (6.000 años a J.C.) se utilizaban no sólo los abonos orgánicos, sino que se hacía un manejo integrado de los recursos, mediante el reciclaje de desechos agrícolas, propiciando la conservación del agroecosistema. En Egipto (2.000-2.500 años a J.C.), las inundaciones periódicas de las riberas del Nilo depositaban grandes cantidades de materia orgánica (MO), lo que permitía mantener la fertilidad de estos suelos. En tanto los griegos (1.000años a J.C.) conocieron y manejaron diferentes tipos de abonos orgánicos: estiércoles, abonos verdes y aguas negras (Trinidad, 1987).
Durante el transcurso de la segunda mitad del siglo XX se logra dar una visión holística de los problemas medioambientales y es ahí cuando los residuos surgen como un asunto de consideración. La gestión de los RO para su utilización como combustible o fertilizante son prácticas de reciclaje comunes y constituyen una alternativa apropiada. La MO constituye la principal fuente de carbono (C) y nitrógeno (N) en los ecosistemas terrestres y de su conservación depende la sustentabilidad de los sistemas agrícolas. Para conservarla es necesario dirigir el proceso de transformación de los RO hacia la formación de sustancias húmicas estables y con ello disminuir la emisión de gases a la atmósfera contribuyendo a atenuar el efecto invernadero y elevar la productividad de los ecosistemas terrestres (Turruellaet al., 2002). En este contexto, los RO juegan un papel determinante en el manejo de la fertilidad de los suelos a través de su efecto de la disponibilidad de nutrientes y por su contribución al aumento del stock de C en el suelo. Actualmente existe gran interés en sistemas de producción de cultivos orgánicos, que admiten una intensificación agrícola a partir de un uso sustentable de los recursos naturales. A nivel mundial la producción orgánica de cultivos está en continuo aumento debido a la gran demanda del mercado internacional de este tipo de alimentos. Este crecimiento está acompañado por acciones oficiales y privadas, y se cuenta con reglamentaciones y normas que promueven y apoyan el desarrollo de sistemas de obtención de estos alimentos (SAGPyA, 2005). En relación al suministro de nutrientes de los cultivos, la normativa argentina (Ley 25.127: Producción ecológica, biológica u orgánica) permite una serie de productos naturales y residuos orgánicos a partir de vegetales o estiércoles animales. Entre estos el compost producido a partir de diversas fuentes se presenta muy recomendado. El proceso de compostaje se utiliza para convertir los RO. Existen numerosos desechos producidos que sería importante reutilizar a través del proceso de compostaje a fin de obtener un producto que pueda ser aplicado al suelo como enmienda y/o fertilizante (Landrisciniet al., 2010).
CONCEPTOS GENERALES
La diferencia entre aplicar e incorporar directamente los residuos sin procesar y los residuos estabilizados (por ej.: proveniente de compostaje) en relación a la respuesta de un cultivo, en cuanto a su nutrición, está en la cantidad y en la época de que los nutrientes mineralizados estarán disponibles para las plantas, así como en la intensidad de la actividad de los microorganismos del suelo (Peixoto, 2012).En el caso de los estiércoles que se han aplicado por siglos para suministrar nutrientes a los cultivos, existe preocupación creciente debido al riesgo de contaminación de los recursos hídricos con nitratos y fosfatos, y al riesgo de contaminación del aire por la emisión de amoníaco, metano y óxido nitroso que contribuyen al efecto invernadero. El compostaje ha sido propuesto como una alternativa para obtener un producto estable, de lenta liberación de N, lo que minimiza el riesgo de pérdidas de nitratos por lixiviación (Leconte, 2010).
El compostaje es un proceso que consiste en la fermentación aeróbica de RO. Es un proceso microbiológico realizado en la naturaleza por microorganismos nativos: bacterias, hongos y actinomicetos, principalmente, actuando en sucesión de predominancia, según la influencia de factores, como la composición química del material original, su relación C/N, humedad, aireación, temperatura, pH (Frioni L, 2006) Todas estas variables están influenciadas por las condiciones ambientales, el tipo de residuo a tratar y por el sistema de compostaje elegido. La Figura 1 ilustra un modelo simplificado del proceso de compostaje. Él compostaje de RO es una tecnología ampliamente utilizada ya que permite su valorización a través de una reducción substancial de peso y volumen, y genera un producto que dependiendo de su calidad, puede ser utilizado como mejorador de suelos degradados (Prono et al.,2010).
Como producto final se obtiene el compost, que al ser incorporado como enmienda al suelo mejora la infiltración y retención de agua, contribuye a disminuir las fluctuaciones de temperatura y reducir la erosión. Además, propicia la sanidad de los cultivos al favorecer un control natural de plagas y aporta nutrientes para el normal crecimiento de las plantas (Solivaet al.,2008). La adición de enmiendas orgánicas origina un comportamiento físico, químico y biológico edáfico que es característico de los suelos pampeanos ricos en MO: aumento de la capacidad de retención de agua, mejora del ingreso y la conducción del agua, aumento de la eficiencia del riego, facilidades para el laboreo, mantenimiento del pH, aumento del contenido de nutrientes (Sasal et al., 1999). También puede ser usado para remediar tierras contaminadas, ayudar a prevenir la erosión del suelo y como cobertura diaria en los sitios de disposición final de residuos (Frioni L., 2006).
