Una de las propuestas centrales de la Agroecología consiste en promover la biodiversidad, con el objetivo de crear (y/o conservar) agro ecosistemas más complejos y diversificados. La biodiversidad es una base importante para el funcionamiento de los ecosistemas; sistemas con alta diversidad de especies se han mostrado más adaptables frente a cambios ambientales (Pfiffner, 2011), ya que esa complejidad permite que se mantienen y regulan localmente los ciclos de nutrientes y de las cadenas tróficas (FiBL, 2001), y que se potencien las interacciones benéficas entre los organismos (Gliessmnan, 2002). El análisis de los sistemas productivos desde un enfoque sistémico conduce a entenderlos como un conjunto en el que los organismos, los flujos energéticos y los flujos biogeoquímicos se encuentran en equilibrio inestable; se trata de entidades capaces de automantenerse, autorregularse y autor repararse bajo principios naturales (Toledo et al. 1985). El funcionamiento y mantenimiento de la agricultura debería, por tanto, imitar esos procesos y ciclos que se dan en la naturaleza (Altieri y Nicholls,2004). Para ello, resulta imprescindible conocer la actividad y composición de la fauna, así como las relaciones que establecen con el resto de componentes del agroecosistema. La comprensión y estudio de esta actividad permitirá tomar las decisiones adecuadas a la hora de diseñar un sistema de cultivo o de elegir las prácticas y manipulaciones que se van a llevar a cabo en él (Cabrera, 2001), de forma que se mantenga la productividad, se minimicen las externalidades negativas y se promueva su autonomía. Los cambios físicos del medio edáfico practicados en la labranza convencional, no solo afectan a los organismos que en él viven, también a sus relaciones con el medio y con otros organismos (Klavidko, 2001), alterando significativamente la composición de especies del suelo (Chan, 2001); biodiversidad, biomasa y abundancia. (Marín et al., 2007). Existe evidencia de que algunas técnicas que se utilizan en agricultura orgánica, como la incorporación de la materia muerta al suelo y el uso de abonos orgánicos, permiten el mantenimiento de altos niveles de actividad de invertebrados edáficos. Así el uso de cultivos de cobertura que posteriormente son cortados y/o triturados posee numerosas ventajas como la protección del suelo frente a lluvia, limita la instalación de plantas invasoras, conserva la humedad y también beneficia a su fauna, ya que fomenta el desarrollo de microorganismos y lombrices de suelo. A pesar de ello, se sabe poco acerca de la ecología trófica de estos sistemas y por tanto de qué niveles de fertilización y manejo son los más adecuados para cada sistema (Lavelle et al., 2001).
Como macrofauna edáfica entendemos aquellos invertebrados que poseen un diámetro superior a 2mm y que desarrollan al menos una parte de su ciclo de vida en el suelo o en el mantillo; por ejemplo, algunos insectos, arácnidos y lombrices. Su importancia radica en que influyen en las condiciones de vida, abundancia y estructura de otras comunidades del suelo (Marín et al., 2001) y de ella dependen muchas características físicas, químicas y biológicas del suelo (Fitter et al., 2005).
Son muchas las propiedades del suelo que se ven favorecidas por los macroinvertebrados edáficos. La presencia de lombrices, mejora su estructura, permite la infiltración de agua y disminuye la compactación con la formación de canales que favorecen la aireación del mismo y que son aprovechados por las raíces de las plantas (Selles van et al., 2006). En cuanto a las propiedades químicas, las lombrices mejoran la fertilidad del suelo con la descomposición de materia orgánica y mineralización de los nutrientes aumentando su disponibilidad para las plantas. Además, con la construcción de galerías en el suelo estos nutrientes se distribuyen en el perfil y son llevados de la superficie a las zonas con mayor concentración de raíces (Brito-Vega et al., 2006). Por último, las propiedades biológicas de los suelos también se ven favorecidas, debido a que las lombrices regulan las poblaciones de microorganismos, aumentan la densidad de bacterias fijadoras de nitrógeno y por tanto el nitrógeno disponible para las plantas, favoreciendo su crecimiento (Jiménez Jaén, 1999; Araujo y López-Hernández, 1999; Selles van et al., 2006).
Existen otros grupos que también favorecen la descomposición de materia orgánica en el suelo; se trata de los milpiés (Diplopoda) y los isópodos terrestres (Oniscídeos o bichos bolita). Ambos desarrollan su actividad en el suelo donde se alimentan de vegetales en descomposición (Ruppert y Barnes, 1996). En cultivos son especialmente importantes los artrópodos benéficos que en ocasiones son utilizados como indicadores de la calidad de suelo; por ejemplo: carábidos, arácnidos y estafilínidos (Pfiffner y Niggli, 1996). Los ciempiés (Chilopoda) también son predadores que resultan benéficos en los sistemas productivos y cuyo análisis es poco contemplado. Se trata de depredadores generalistas que se alimentan de la mesofauna (0.2 a 2mm) y macro fauna edáficas y que se encuentran en el suelo y en la hojarasca. (Cupul-Magaña, 2011). Por tanto, los ensambles de macrofauna poseen un papel esencial en los sistemas en estudio por los servicios ecosistémicos que brindan: participación en el ciclo de nutrientes, regulación de las cadenas tróficas de los sistemas productivos además de la polinización de numerosos vegetales (Gullan y Cranston, 2010).
Para la investigación en producciones orgánicas o agroecológicas en las que el objetivo es diseñar sistemas que se regulen de forma autónoma y local, es especialmente interesante analizar la fauna que en él habita desde el punto de vista trófico funcional. A partir del análisis trófico de los grupos que se encuentran en estos sistemas, es posible deducir cómo se están regulando las poblaciones y por tanto qué prácticas favorecen aquellos grupos que resultan beneficiosos para el mantenimiento en el tiempo de las características de la producción.
Por ello el objetivo de esta investigación es caracterizar la macrofauna edáfica en cultivos orgánicos con diferente aporte de enmienda y remoción de sustrato e inferir las relaciones tróficas que se dan entre estos organismos en un sistema de producción orgánica. En los tratamientos involucrados en este estudio se combinan diferentes variables: el tipo de aporte de materia orgánica, la forma de labranza practicada y las especies cultivadas.
