Las labores culturales tienen por objeto evitar la pérdida de humedad del terreno, su compactación excesiva y combatir las malezas. Inmediatamente después de la germinación y antes de que aparezcan las malezas, se aconseja pasar la azada rotativa siguiendo el sentido de los surcos, manteniendo una elevada velocidad del tractor, en alrededor de 10 km/hora, para lograr la remoción superficial del terreno, la destrucción de las malezas en vías de germinación, la emergencia de plantas de soja y el encostramiento del suelo.
La azada rotativa se puede pasar otras veces, hasta que las plantas alcancen los 12 cm de altura, iniciando siempre la tarea una vez que se haya secado el follaje húmedo por el rocío de la noche. El terreno entre los surcos de plantas se debe carpir con reja de uñas o con reja “‘pie de pato”, removiendo superficialmente mientras se atacan las malezas, pero sin que se modifique el nivel. Por supuesto, se sobreentiende que la frecuencia y cantidad de tareas culturales dependen de la preparación previa del terreno y de las condiciones climáticas imperantes. En zonas donde las lluvias son escasas durante el verano, es muy importante conservar la mayor cantidad de agua por medio de un buen manejo del suelo. Dejando los rastrojos sobre el terreno, se puede conseguir una mayor penetración del agua y una menor pérdida por escurrimiento, en tanto que el excesivo laboreo antes de la siembra puede disminuir la disponibilidad de agua para el cultivo.
En las zonas donde se decida aplicar un sistema de riego, se trabaja durante intervalos regulares teniendo en cuenta la cantidad de agua útil disponible en la zona radicular. El exceso de agua durante el comienzo de la floración y el fructificación puede ser perjudicial debido a que se impulsa el crecimiento vegetativo en detrimento del desarrollo, aumenta el peligro de enfermedades, vuelco, etc. Es decir, que los riegos deben efectuarse antes o después de ese momento. La irrigación del cultivo es más ventajosa en suelos arenosos que acumulan poca agua, mientras que, en los arcillosos, cualquier exceso puede influir negativamente en el rendimiento por la eliminación del oxígeno necesario para la actividad radicular. Respecto de in defollación, todo parece indicar que es preferible sembrar una variedad más precoz que adelantar la maduración de una variedad tardía por medio de la aplicación de defoliantes y desecantes.
FERTILIZACIÓN
La noción de que la soja no responde a los fertilizantes es un mito, pues se sabe que absorbe grandes cantidades de nitrógeno, fósforo y potasio en el grano y que los suelos fértiles significan rendimientos más elevados, de modo que la fertilización es una buena inversión. Como leguminosa, dispone de una gran capacidad de fijación de nitrógeno en las bacterias nodulares a partir del aire o lo obtienen por el suelo, pero el nitrógeno adicionado puede dar al cultivo un fuerte aumento en el rendimiento bajo condiciones frías, sequía, suelo ácido o inoculación insuficiente. La mayoría de los fertilizantes para soja contienen cierta cantidad de nitrógeno, porque este elemento favorece el crecimiento del cultivo, con lo cual disminuyen las posibilidades de las malezas. Evidentemente, los agricultores no aplican suficientes cantidades de fertilizantes, por su elevado precio, pero olvidan que la soja absorbe mucho fosfato y mucha más potasa, de modo que los agregados debieran considerarse indispensables sobre todo en las rotaciones de cultivos. Por otra parte, los fertilizantes aumentan la resistencia de las plantas durante los años secos. La respuesta en porcentaje al fósforo y al potasio es superior en períodos de condiciones anormales, pues como estos elementos se dirigen hacia las raíces de las plantas a través de capas de agua en la tierra, en períodos secos se requiere una mayor cantidad para dirigir los nutrientes hacia las raíces.
La soja responde bien a prácticas de fertilización adecuadas y se debe efectuar el análisis del suelo o conocer las condiciones minerales del mismo para añadir los nutrientes en consecuencia. Este cultivo produce los mejores rendimientos con un pH del suelo de 6,0 a 6,5, siendo el crecimiento y los rendimientos insuficientes con un pH de 4,5.
Como muchas otras leguminosas, la soja utiliza el potasio en grandes cantidades y también necesita cantidades adecuadas de fósforo. Los fertilizantes nunca se deben aplicar en las proximidades de las semillas, ya que con ello se reducirán la germinación. La acumulación de nutrientes más importante tiene lugar durante la formación del grano, entre los 100 y 110 días de crecimiento; sin embargo, la absorción durante la estación es igualmente importante. Entre los días de crecimiento 40 y 80, el cultivo absorbe un 46% de sus necesidades de nitrógeno, cerca de 42% de las de anhídrido fosfórico y un 53% de Ios de óxido de potasio. La absorción continúa hasta una época tardía de daban planta. En los últimos 20 días de crecimiento, la soja absorbe un 24% de sus necesidades en nitrógeno, un 24% de las en anhídrido fosfórico y un 20% de las en óxido de potasio.
Nitrógeno
La soja es capaz de obtener la mayor parte del nitrógeno que necesita, a través de su simbiosis con Rnizobium; sin embargo, varios autores afirman que, para obtener rendimientos muy altos, la fijación del nitrógeno atmosférico por las bacterias no basta y que por lo menos un tercio a la mitad del nitrógeno absorbido por la planta debe ser tomado de los nitratos o iones amónicos del suelo durante el último mes de su período vegetativo, cuando se están formando las semillas.
